¿Cómo la mayoría de los medios de comunicación construyen una narrativa en torno a las y los menores con malestares de género/que se autoidentifican como trans? Este texto detalla las estrategias utilizadas para imponer una visión única: presentación sesgada de los tratamientos hormonales, ocultación de estudios científicos situados en la cima de la pirámide de la evidencia, minimización de los efectos secundarios y descalificación de toda crítica. Una exploración de cómo estas narrativas influyen en los jóvenes con malestares y restringen el debate sobre un tema tan complejo como delicado.
1/Dando forma a la narrativa en torno al “cuerpo equivocado”
Se anima a jóvenes con malestares* a convencerse de que han “nacido en un cuerpo equivocado” (su “alma de género” no se ha encarnado en un cuerpo adecuado), animándoles así a rechazar su propio cuerpo y a atribuir todas sus dificultades pasadas y presentes a este “cuerpo equivocado”, así como a la transfobia.
*Estos jóvenes, en su mayoría chicas, generalmente no se ajustan a los estereotipos sexistas ni a las normas de orientación sexual (lo cual no es problemático, todo lo contrario). Algunas han sufrido abusos en la infancia (más que la población de referencia), presentan muy frecuentemente diversos trastornos o condiciones asociadas y tienen dificultad para afrontar los cambios en su cuerpo en la pubertad. (Leer más: Revisión sistemática de la Universidad de York 2024)
2/Haciendo de los bloqueadores y las hormonas cruzadas una cura incontestable para la disforia de género
- Se presenta la disforia de género como una condición letal, permanente (sin tratamiento) que puede conducir a la muerte (muerte por suicidio).
- Se describen estos tratamientos hormonales como una manera de “ser finalmente uno mismo” y prevenir el suicidio, una afirmación falsa. Construyendo un discurso donde se minimicen los riesgos asociados a la esterilidad y sus efectos secundarios en relación a la idea de que sin tratamiento, la vida de estos jóvenes está en peligro. Asegurándose de que negar el acceso a estos tratamientos sea percibido como un acto de puesta en peligro (muerte por suicidio).
3/Ocultando la evidencia científica
Se omite lo siguiente:
- Las revisiones sistemáticas de evidencia realizadas por diferentes países, que concluyen unánimemente que la evidencia de que estos tratamientos mejoran la salud mental y reducen la disforia de género en menores es débil, por lo que “el efecto real podría ser muy diferente del efecto estimado”. Las revisiones sistemáticas están en la cima de la pirámide de la evidencia científica.
En su lugar: se eligen estudios que respalden la mejora de la salud mental, sin mencionar que están calificados como de baja calidad en las revisiones sistemáticas (estudios más mencionados: Tordoff 2022 y Chen 2023, ambos desacreditados, también puede consultarse aquí).
- La falta de evidencia que vincule los bloqueadores de la pubertad y las hormonas sexuales cruzadas con la reducción del riesgo de suicidio, como se menciona en el Informe Cass (p. 186, 15.36). Un último estudio que muestra esta falta de correlación: Ruuska et al., 2024.
- El cambio de enfoque de los países pioneros. Inglaterra, por ejemplo, revisó su política después de una evaluación exhaustiva de sus servicios de identidad de género (Informe Cass), basándose en las revisiones sistemáticas más exhaustivas hasta la fecha y en consultas con más de 1.000 profesionales y partes interesadas. No es difícil imaginar que los medios llamados «progresistas» califiquen el Informe Cass como un informe transfóbico y de extrema derecha, a pesar del hecho de que sus recomendaciones están siendo implementadas por un gobierno de izquierda (laborista).
4/Destacando un consenso solo aparente
- Sólo se cita/entrevista a profesionales que adopten un enfoque “trans-afirmativo”.
- Afirmar que existe un “consenso científico” en este ámbito es falso. La comunidad científica está profundamente dividida, como ha señalado el New York Times. El consenso no está establecido. El consenso científico se crea artificialmente mediante «referencias circulares» (citas mutuas) entre las directrices de la WPATH y la Endocrine Society. Estas dos influyentes organizaciones han desarrollado sus propias directrices (2009 y 2012) en colaboración. Posteriormente, las sociedades médicas estadounidenses adoptaron sus directrices sin realizar revisiones sistemáticas independientes. Luego, al actualizar sus directrices de 2012, la directriz WPATH 2022 hace referencia a estas sociedades médicas estadounidenses, que a su vez se basan en WPATH en su directriz anterior de 2012 (véase la revisión sistemática de directrices internacionales, Universidad de York 2024). Como señala el informe Cass, “la circularidad de este enfoque puede explicar la existencia de un consenso aparente en áreas clave de la práctica, a pesar de la debilidad de la evidencia” (punto 9.22).
5/Minimizando los efectos secundarios de los bloqueadores de la pubertad (= supresión de la liberación de hormonas sexuales durante la adolescencia)
Presentar los bloqueadores de la pubertad como completamente reversibles (mientras que sus efectos a largo plazo siguen siendo desconocidos), supuestamente sólo «para dar tiempo a pensar», mientras que la mayoría de jóvenes que toman bloqueadores continúan con hormonas cruzadas (lo que lleva a una posible infertilidad/esterilidad en la edad adulta y posible disfunción sexual, todo para tratar una condición que probablemente se resuelva naturalmente). Como señala el Informe Cass: «Dado que la gran mayoría de las y los jóvenes que comienzan a tomar bloqueadores de la pubertad luego progresan a hormonas masculinizantes/feminizantes, no hay evidencia de que los bloqueadores de la pubertad compren tiempo para la reflexión, e incluso existe la preocupación de que puedan alterar la trayectoria del desarrollo psicosexual y la identidad de género» (párrafo 83).
6/Evitando cualquier mención de la evolución natural de la disforia de género (sin transición médica).
- Se oculta el hecho de que muchos jóvenes que experimentan disforia de género en la infancia terminan por no experimentar esta incomodidad en la edad adulta* si estos niños no pasan por una transición social y médica.
- Se ignoran los estudios recientes que cuestionan la ortodoxia de que la disforia de género es necesariamente permanente en la adolescencia.
*Las investigaciones (1972-2013) en las que los participantes del estudio no realizaron la transición social en la infancia encontraron tasas bajas de persistencia de incongruencia/disforia de género desde la infancia hasta la edad adulta. Los artículos de este período han sido criticados porque los niños y las niñas no fueron diagnosticados formalmente según la CIE o el DSM. Un nuevo análisis de estos datos se centró en el subconjunto de menores que cumplían todos los criterios de diagnóstico y descubrió que, en el 67% de ellos, la disforia no persistía. (véanse los estudios y extractos de revisiones en conjunto en este enlace). Además, el Informe Cass menciona que: “Varios estudios de este período (Green et al., 1987; Zucker, 1985) sugirieron que una minoría (alrededor del 15%) de menores prepúberes con incongruencia de género persistieron hasta la edad adulta. La mayoría de estos menores crecieron hasta convertirse en adultos homosexuales y conformes con su sexo. Estos primeros estudios fueron criticados porque no todos los menores recibieron un diagnóstico formal de incongruencia de género o disforia de género. Sin embargo, una revisión bibliográfica (Ristori y Steensma, 2016) señala que estudios posteriores (Drummond et al., 2008; Steensma y Cohen-Kettenis, 2015; Wallien et al., 2008) también han reportado tasas de persistencia del 10 al 33% en cohortes que cumplieron con los criterios de diagnóstico formal en la evaluación inicial y tuvieron períodos de seguimiento más largos” (punto 2.6).
7/Desinformando sobre la detransición
- Se minimiza el número de quienes abandonan la transición afirmando que son “menos del 1%”, pese a que se desconoce esa tasa.
- Se atribuye la detransición únicamente a “presiones sociales” externas.
- Para más información: Desinformación sobre la detransición
8/Demonizando toda crítica
- Se denigra y difama a los progenitores que cuestionan las circunstancias de la repentina aparición de la identidad trans en sus hijas e hijos.
- Se denigran los argumentos científicos evitando responder sobre el fondo y desacreditando a las personas que los presentan.
- Se presenta cualquier intervención psicológica dirigida a explorar los desafíos psicosociales que impactan la angustia relacionada con el género como terapia de conversión.
9/Negando la influencia de los factores sociales
- Se rechaza cualquier suposición de que el entorno, los pares o las redes sociales podrían influir en la forma en que un joven o una joven se percibe a sí mismo y a su sexo.
- Se compara sistemáticamente la identidad de género con la orientación sexual, afirmando que es innata, estable e inmutable, a pesar de la ausencia de un fenómeno equivalente a la detransición en el caso de la orientación sexual.
10/Trasladando el necesario debate científico al ámbito de los derechos humanos (“Los derechos trans son derechos humanos”)
- Se aseguran de que cualquier cuestionamiento de las cuestiones científicas o éticas de estas prácticas sea percibido como un ataque a los derechos de las personas trans.
- Se considera cualquier crítica como transfobia y discriminación, evitando así cualquier discusión racional y de los hechos sobre estos temas.
➥ Para saber más sobre la evolución de los tratamientos para menores y el declive de los países pioneros: Transición médica para menores: un poco de contexto
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