Por Kate Coleman.
El 24 de febrero entrará en vigor una nueva política del Servicio Penitenciario Escocés que permitirá que los prisioneros transgénero, aunque tengan los genitales intactos, sean asignados a pabellones de mujeres. Incluso los descartados por demasiado peligrosos, asesinos y torturadores, tendrán un pase de un día para relacionarse con mujeres y así «entrenarse como mujeres» antes de salir de prisión. La seguridad de las presas no importa.
     Isla Bryson, un doble violador convicto también llamado Adam Graham, fue enviado infamemente a una prisión de mujeres después de ser sentenciado. Esto provocó indignación y contribuyó a los acontecimientos que condujeron a la caída de Nicola Sturgeon como primera ministra de Escocia.
     Más recientemente, Andrew Miller, también llamado Amy George fue condenado a 20 años de cárcel por secuestrar y agredir sexualmente a una chica.
     El juez Lord Arthurson afirmó que este ataque no hubiera sido posible si Miller no hubiera vestido como una mujer. La atención que recibieron estos delincuentes es comprensible. Sin embargo, centrarse en Bryson y Miller, que ahora se encuentran en la prisión masculina a la que pertenecen, distrae la atención del desastre de salvaguardia que se está infligiendo a las mujeres encarceladas en Escocia.
     El 24 de febrero entrará en vigor la política revisada del Servicio Penitenciario Escocés (SPS) para la gestión de personas transgénero bajo custodia. En mi opinión, muestra un cruel desprecio por las mujeres en prisión, al tratarlas como herramientas para facilitar los deseos de los presos varones que se identifican como transgénero. No enumeraré las estadísticas sobre delincuentes femeninas que muestran su vulnerabilidad, proporcionando evidencia clara de que nunca deberían ser retenidas junto a delincuentes masculinos. Tampoco examinaré el Informe Angiolini que defiende la necesidad de servicios específicos para satisfacer las distintas necesidades de las delincuentes femeninas. Todo esto está online.
     La política es impactante. Lo fundamental no es la seguridad de las mujeres, sino más bien el principio de maximizar las oportunidades para que los prisioneros transgénero sean asignados al pabellón correspondiente a su género autodeterminado. Dicho de manera más sencilla, el objetivo es aumentar la posibilidad de que los presos varones que se identifican como transgénero tengan acceso a las mujeres en prisión.
Este compromiso es total: incluso aquellos delincuentes que no son elegibles para ser alojados en una prisión de mujeres pueden recibir un “pase de un día” para acceder a actividades y relacionarse con mujeres. Esto convierte descaradamente a las mujeres en servicios de “validación” y como objetos que estos prisioneros varones deben imitar para que puedan practicar «ser mujeres» antes de ser liberados.
La política está basada en el secreto. El 24 de febrero se implementará una guía sobre presos con “diversidad de género”, que nadie ha visto y mucho menos ha podido cuestionar. Fundamentalmente, el Servicio Peniinteniario Escocés SPS ya no publicará datos que muestren dónde se encuentran recluidos los prisioneros transgénero: por lo tanto, será imposible rastrear los efectos de esta política. Bryson y Miller están en la prisiones masculinas. Por ahora.
     Entre los prisioneros varones que actualmente se encuentran recluidos junto a mujeres se encuentran condenados por asesinato y tortura y con genitales masculinos intactos.
     La Asociación de Oficiales de Prisiones (Escocia) no ha aprobado esta política: que el sindicato que representa a aquellos a quienes recaerá la tarea de implementar esta política haya tomado esta decisión es revelador. Insto al Servicio de Prisiones y al gobierno escocés a que presten atención y detengan la implementación de esta política.
La Dra. Kate Coleman es directora del grupo de campaña Keep Prisons Single Sex.
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