Las mujeres transmasculinas están sufriendo a los 20 años problemas “postmenopáusicos” como incontinencia urinaria debido a la ingestión de testosterona, según ha revelado un informe publicado en el International Urogynecology Journal.
Los expertos estudiaron a 68 mujeres que se autoidentifican como hombres que estaban tomando hormonas de sexo cruzado para cambiar su identidad de mujer a hombre y descubrieron que el 95 por ciento había desarrollado disfunción del suelo pélvico.
Las participantes, algunas de tan solo 18 años y una edad promedio de 28, tenían síntomas de vejiga e intestino que los médicos esperarían ver en una mujer después de la menopausia.
Los expertos afirmaron que el impacto de los fármacos que alteran las funciones corporales no se ha investigado ni se ha comunicado lo suficiente y que las mujeres “no están siendo informadas de los riesgos en las clínicas de género”.
Alrededor del 87 por ciento de las participantes en el estudio tenían síntomas urinarios como incontinencia, visitas frecuentes al baño y enuresis, mientras que el 74 por ciento tenía problemas intestinales, como estreñimiento o incapacidad para retener las heces o para expulsar gases. Alrededor del 53 por ciento sufría disfunción sexual.
Los investigadores dijeron que la tasa de incontinencia urinaria, en la que la orina se escapa involuntariamente, era aproximadamente tres veces mayor en las mujeres transmasculinas [hormonadas con testosterona] que en el resto de las mujeres, afectando a aproximadamente a una de cada cuatro [un 25%] en comparación con el ocho por ciento de la población femenina en general.
Otras mujeres transmasculinas sufrían de micción frecuente, incluso durante la noche, sensaciones de ardor, vacilación, urgencia y dificultad para orinar, mientras que otras tenían problemas para defecar.
Casi la mitad tenía un “trastorno del orgasmo”, mientras que una cuarta parte sufría dolor durante las relaciones sexuales.
Los expertos advirtieron que los medicamentos estaban colocando a las jóvenes en “exactamente la misma trayectoria” que las mujeres que pasan por la menopausia. Un tercio de las participantes en el estudio eran estudiantes.
Elaine Miller, fisioterapeuta de salud pélvica y miembro de la Chartered Society of Physiotherapy, dijo: “Muchas mujeres están absolutamente bien hasta la menopausia y luego comienzan a tener pérdidas. Esa parece ser exactamente la misma trayectoria para las mujeres que toman hormonas cruzadas, pero no ha habido mucha investigación al respecto”.
Dijo que había trabajado con alrededor de 20 personas que habían detransicionado y que buscaban ayuda para sus problemas de suelo pélvico (y que muchas más de todo el mundo se habían puesto en contacto con ella), pero que había un “estigma” en torno a la incontinencia y que las mujeres se sentían “avergonzadas” y minimizaban el problema.
“Hacerse pis encima es algo que no es socialmente aceptable, y evita que la gente haga ejercicio, que tenga relaciones íntimas, que viaje y tiene un impacto en el trabajo”, afirmó.
“El impacto que tiene un poco de pérdida de orina en la vida de estas jóvenes es enorme. Realmente es necesario debatirlo adecuadamente en las clínicas de género porque creo que casi el 100 por ciento de las mujeres que toman hormonas cruzadas terminarán teniendo estos problemas”, añadió, señalando que el estudio es “sólido” y probablemente se había restado importancia al problema.
“Es realmente triste cuando escuchamos a la gente decir: ‘Nadie me dijo esto nunca’, y deberían haber sido informadas de los riesgos en las clínicas de género”.
La menopausia provoca una pérdida de masa muscular y fuerza corporal, lo que afecta al suelo pélvico y puede causar incontinencia.
A las mujeres que comienzan la menopausia de forma temprana o prematura, antes de los 45 años, se les debería ofrecer terapia de reemplazo hormonal (TRH) en el NHS [la sanidad pública] porque el estrógeno puede ayudar a prevenir la aparición de enfermedades como una afección cardíaca coronaria, osteoporosis y demencia.
Tomar testosterona puede acelerar el proceso de la menopausia porque detiene el funcionamiento de los ovarios y reduce la cantidad de estrógeno que produce el cuerpo.
También se sabe que la testosterona afecta la masa muscular y a la caída del cabello, y se ha relacionado con coágulos sanguíneos y cálculos biliares, pero ha habido poca investigación sobre los problemas de suelo pélvico e incontinencia.
Miller dijo que el tratamiento para las mujeres transmasculinas era «el mismo que para cualquier otra mujer postmenopáusica, lo que parece un poco ridículo cuando se habla de personas que tienen poco más de 20 años«.
«Se trata de asegurarse de que no tengan estreñimiento, de hacer que adopten una rutina en la que no se deshidraten por temor a tener un accidente [con la orina.] “Gran parte de esto tiene que ver con la educación sobre la vejiga y los intestinos acerca de lo que es normal, y con la realización de ejercicios del suelo pélvico, que pueden marcar una gran diferencia”, añadió.
Kate Barker, directora ejecutiva de la Alianza LGB, dijo que esta organización “había hablado constantemente sobre el daño que causan estos tratamientos experimentales, la abrumadora mayoría de los cuales se llevan a cabo en personas LGB [lesbianas, gays y bisexuales]”.
“Nuestra conferencia anual ha escuchado el testimonio de personas detransicionadoras que viven cada día con las consecuencias de las decisiones que tomaron cuando eran muy jóvenes, a veces en la adolescencia, incluida la esterilización permanente y la pérdida de la función sexual”, dijo. “Esto finalmente ha sido confirmado oficialmente por la Revisión Cass”.
La Revisión Cass provocó que el NHS dejara de recetar bloqueadores de la pubertad fuera de los ensayos clínicos y que se suspendiera la administración de hormonas cruzadas a menores de 18 años. Reclamó que se prestara más atención al tratamiento de menores de 25 años y, como resultado, el servicio de salud está revisando las clínicas de género para adultos.
Las autoras del estudio, dirigido por Lyvia Maria Bezerra da Silva en la Universidad Federal de Pernambuco, Brasil, dijeron que los hallazgos “mostraron una alta frecuencia de al menos uno de los síntomas de disfunción del suelo pélvico” y que era necesario realizar más investigaciones sobre el impacto de la testosterona porque “los efectos a largo plazo aún son desconocidos”.
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