Por Paula Fraga, jurista. Noviembre 2019

Explicaba Kate MIllett que el sexo es una categoría social impregnada de política, que la relación entre los sexos es política porque es una relación de poder. Así era y es; las mujeres nos encontramos en una posición subordinada respecto a los hombres y esta subordinación se ha construido a través del género.

El género es una unidad analítica fundamental de la teoría feminista que sirve para explicar el establecimiento y la reproducción de la desigualdad estructural de las mujeres. Es el conjunto de estereotipos y funciones que se asignan a la mujer por nacer mujer y al hombre por nacer hombre, y que se aprenden e interiorizan mediante  la diferente socialización de los sexos. El género explica realidades como la división sexual del trabajo o el mecanismo de exclusión de las mujeres, de la esfera de lo público. Es la piedra angular sobre la que asienta la jerarquía sexual, uno de los instrumentos de sometimiento patriarcal más perfectos y que como feministas, tenemos que luchar por erradicar.

Nacer con sexo femenino o masculino, hembra o varón, determina tu posición estructural en el mundo.

Ser mujer supone, entre otras cosas y en función de cuán explícito sea el patriarcado en que te has desarrollado, que te casen a la fuerza, que te mutilen genitalmente, que sirvas sexualmente en prostitución o que te violen. Todas estas realidades son consecuencias del género, materializan el papel y lugar que el patriarcado nos ha asignado a las mujeres. Por tanto, es vital para entender la teoría feminista y sobre todo, para tratar de acabar con la opresión sexual, entender el sistema sexo-género y señalarlo como mecanismo de reproducción de desigualdad a desactivar. Esto pone de manifiesto la necesidad de conceptualizar debidamente. Como dice la maestra Celia Amorós, “conceptualizar es politizar” y si lo hacemos erróneamente las consecuencias práctico-políticas serán adversas. Y si hay una conceptualización incorrecta sobre la opresión por razón de sexo, esta es elaborada por la teoría queer […]

La teoría queer niega la base misma de la opresión sexual. El sexo es una realidad biológica. Sin embargo, esta teoría lo define como constructo. Referentes teóricas queer como B.Preciado llegan a animarnos a las mujeres a realizar una suerte de tránsito a través de hormonación y cirugía para escapar a la opresión sexual. Y no estaría aquí explicando y rebatiendo tales ocurrencias si no hubiesen pasado a formar parte del ordenamiento jurídico de diferentes países. […]

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