Una reclusa contó ante el Tribunal de Sesiones cómo reclusos biológicamente varones a los que se les permitió entrar en un ala de mujeres hicieron de su vida un «infierno».  La mujer, que se mantiene en el anonimato, explicó que a los prisioneros que se identificaban como mujeres se les permitía intimidar a sus compañeras con total impunidad incluso después de que uno golpeara a una reclusa.

Los ministros del Partido Nacional Escocés intentaron evitar que se escuchara el desgarrador testimonio de la mujer, que fue enviada a una institución para delincuentes juveniles cuando tenía 17 años y regresó a prisión nuevamente en 2022.

Sin embargo, Lady Ross rechazó su objeción de que su evidencia era “irrelevante” para el proceso legal presentado por For Women Scotland a la política de prisiones escocesas, que permite a algunos hombres cumplir sentencias en el sistema penitenciario femenino si se identifican como transgénero.

La mujer, mencionada en los documentos judiciales como AA, habló de atención sexual no deseada por parte de un prisionero hombre, conocido como MP1, que tenía «una complexión enorme» y comenzó a «hacer la transición» en la cárcel, vistiendo «una camiseta ajustada, jeans y zapatillas de tacón alto».

Dijo: “Sabía que yo le gustaba a MP1. Tenía miedo. Él lo vio. Me amenazó e intimidó. Le gustaba como a un hombre le gusta una chica. Exponía partes de su cuerpo y usaba leggings ajustados para que todas pudiéramos ver la forma de su pene. Eso es agresión sexual o exhibicionismo. Me sentía insegura con estos hombres a mi alrededor. El MP1 me amenazó con abusar sexualmente de mí”.

En una ocasión, la mujer dijo que el MP1, un preso condenado a cadena perpetua, «golpeó a una chica cuando yo estaba allí». «Lo vi con mis propios ojos», dijo. «Los oficiales, también».

Sin embargo, la víctima fue trasladada a otra prisión, con peores condiciones, como «castigo», según el relato. «El MP1 se quedó, no fue castigado», afirma en su testimonio.

La testigo describió a un segundo preso, conocido como MP2, que se crecía con el «poder, control e intimidación». Dijo que su comportamiento le recordaba una relación tóxica y violenta del pasado, en la que la habían atado desnuda a un radiador. «Sin duda alguna, era un mal tipo que se comportaba como un mal tipo», dijo la mujer. «Me sentí totalmente insegura».

“Sentía que no tenía privacidad con estos hombres. Claro, que me sentía insegura. Mi espacio se vio invadido. No había forma de evitarlos. Las mujeres tienen que aguantar esto. Aguantar. Y no decir nada. Ay, sí, nuestro espacio se vio invadido por completo”.

En sus argumentos legales, el gobierno escocés ha comparado la presencia de hombres biológicos en prisiones femeninas con la de una madre que lleva a su hijo pequeño a un vestuario femenino. Ninguno de los dos casos, según el gobierno, amenazaría necesariamente la dignidad de las mujeres.

Sin embargo, la mujer que prestó su testimonio afirmó que la realidad era que a las reclusas se les hacía sentir «perjudicadas y desesperanzadas» al tener que compartir espacios con hombres biológicos . AA señaló que se lavaba en el lavabo de su celda para evitar a un tercer recluso transgénero al que le gustaba «merodear por las duchas».

Añadió: «Sigo indignada y disgustada, me sentí perjudicada y desesperanzada. Estos hombres no deberían estar con nosotras. Las mujeres nos tenemos que aguantarlo. Si nos quejamos, nos castigan. A la prisión no le importa la inseguridad y el miedo, porque estos hombres estén entre nosotras. Les aseguro al 100% que no soy la única que se siente así».

Rhona Hotchkiss, exdirectora de la prisión de mujeres HMP Cornton Vale, ahora clausurada, también presentó una declaración jurada ante el tribunal. Recordó múltiples ejemplos de reclusas que le confesaron sus sentimientos de ansiedad, angustia y miedo al tener hombres alojados junto a ellas.

Hotchkiss dijo que anteriormente había apoyado los derechos de las personas trans en las cárceles, pero que cambió de opinión por completo como resultado de su experiencia personal.

Afirmó: “En mi experiencia… simplemente no es posible negar el riesgo para el bienestar mental y/o físico de las mujeres que esta práctica [alojar a los hombres en cárceles de mujeres] representa, y en mi opinión, la implementación de esto prioriza la preocupación por los hombres por encima del bienestar de las mujeres”.

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