Discurso de Reem Alsalem, Relatora Especial sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, sus causas y consecuencias en la Reunión de alto nivel de la Asamblea General de la ONU con motivo del trigésimo aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer

Excelencias,

Hace treinta años, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing (BDPA) brindó al mundo un plan visionario que reconocía las causas estructurales, sociales e individuales de la violencia contra las mujeres. Hoy, al conmemorar su aniversario, debemos renovar nuestro compromiso con honestidad y valentía.

Esto comienza por retomar la intención original de la BDPA —sin diluirla ni reinterpretarla— e implementarla de manera integral, no superficial.

Permítanme destacar seis compromisos que son especialmente urgentes y pertinentes hoy en día:

En primer lugar, debemos reafirmar la dignidad y la humanidad inherentes a las mujeres. La BDPA menciona la «dignidad» siete veces y la «humanidad» cinco veces, recordándonos que las mujeres no son un subconjunto, sino «la mitad de la humanidad». Sin embargo, hoy en día, esas palabras han desaparecido de nuestro lenguaje político, como si el valor y los derechos más fundamentales de las mujeres pudieran dejarse de lado. Si perdemos el lenguaje de la dignidad y la humanidad, perdemos el fundamento de la igualdad.

En segundo lugar, debemos recuperar la realidad material de ser mujer. La BDPA hizo referencia al término «sexo» —o a un derivado de este— 176 veces, recordando que todos los principales instrumentos de derechos humanos prohíben la discriminación por ese motivo. Sin embargo, tres décadas después, las artífices de la BDPA se sorprenderían al saber que afirmar esta verdad es tildado por algunos de odiante, obsoleto o retrógrado.

En tercer lugar, debemos afrontar la mercantilización y cosificación desenfrenada de las mujeres y las niñas. Sus cuerpos, su sexualidad e incluso sus funciones reproductivas se han convertido en productos de compraventa, creando un control y un privilegio patriarcal, tanto on line como fuera de ella. La BDPA expresó su profunda preocupación por esta explotación, en particular la prostitución y el tráfico con fines de explotación sexual, e instó a los Estados a enjuiciar a quienes se benefician de ella. Hoy, por fin, debemos atender ese llamado.

En cuarto lugar, la BDPA identificó la agresión, el colonialismo y la ocupación extranjera como causas de graves violaciones —limpieza étnica, genocidio— que recaen con crueldad sobre las mujeres y las niñas. Mientras los gobiernos se mantienen impasibles, las mujeres y las niñas, especialmente en Palestina y Afganistán, son atacadas y destruidas de forma intencionada y sistemática. Estas atrocidades, y la impunidad de la que gozan sus perpetradores, ponen de manifiesto la profunda hipocresía de los gobiernos que afirman defender los derechos de las mujeres mientras ignoran su aniquilación.

En quinto lugar, la BDPA exigió rendición de cuentas. Pero en lugar de un mayor acceso a la justicia, estamos viendo lo contrario: en varios frentes se socavan derechos duramente conquistados tras años de lucha. Los autores de violaciones, trata, crímenes de guerra y genocidio siguen impunes, haciendo alarde de su impunidad, mientras algunos gobiernos se jactan de apoyarlos.

Y, por último, la BDPA advirtió contra el gasto militar excesivo, reconociendo que la militarización alimenta la violencia contra las mujeres, al tiempo que desvía recursos para la paz, el empoderamiento, la erradicación de la violencia y la justicia social. Sin embargo, hoy en día, la carrera armamentista mundial se intensifica, dejando a las mujeres y las niñas pagando un alto precio.

Excelencias, hace treinta años, los Estados creían que esta agenda era alcanzable. Si fue posible entonces, lo es ahora; no como un acto de caridad, sino como una necesidad y un derecho innegable para la mitad de la humanidad. Esa «mitad» está observando. Esa «mitad» les exigirá cuentas.

Gracias.

Nueva York, 22 de septiembre de 2025

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