Madres y padres de Reino Unido están siendo denunciados a la policía y servicios sociales por las escuelas, con acusaciones como negarse a comprar medicamentos bloqueadores de la pubertad, restringir el acceso a internet o no usar los nuevos nombres elegidos por sus hijas e hijos.
En uno de los casos, los padres afirman que fueron entrevistados por los servicios sociales tras negarse a comprar “binders” (fajas compresoras para los pechos), que aplastan e inhiben el crecimiento natural de los senos, mientras que en otro caso un padre fue arrestado tras una discusión con su hija vulnerable.
Las familias, que insisten en mantener un anonimato estricto por temor a disgustar a sus hijas e hijos, reciben el apoyo de The Bayswater Group, una organización para progenitores de adolescentes que se consideran transgénero.
El grupo, que representa a cientos de familias de todo el país, estima que más del 10% de sus miembros han sido derivados a los servicios sociales, y un tercio de esas derivaciones han sido realizadas por las escuelas.
Bayswater afirma tener conocimiento de al menos 17 casos en los que los servicios sociales -y en algunos casos la policía- han entrevistado a familias tras recibir denuncias, pero cree que la cifra real es considerablemente mayor. Añade que estas cifras podrían aumentar aún más debido a la legislación impulsada por el Partido Laborista, cuyo objetivo es erradicar los intentos de cambiar la orientación sexual o la «identidad de género» de una persona. Quienes sean declarados culpables en virtud del proyecto de ley sobre terapias de conversión podrían ser condenados a cinco años de prisión.
Las nuevas leyes previstas han provocado críticas por parte de activistas y parlamentarios, ante la preocupación de que padres e incluso terapeutas puedan verse perjudicados si se considera que obstaculizan el deseo de un menor [autodiagnosticado trans] de alterar su cuerpo.
Una madre declaró al periódico The Mail on Sunday que un colegio remitió a su hija de 14 años a los servicios sociales porque su familia seguía utilizando en casa el nombre de nacimiento de la niña. La denuncia no prosperó.
Otra madre declaró al MoS (Minister of State) que los servicios sociales acudieron al domicilio familiar tras intentar impedir que su hija adolescente se sometiera a una cirugía irreversible. «Cuestioné la idea de que la doble mastectomía radical fuera el procedimiento adecuado para adolescentes confundidas con senos sanos», dijo. «Mis preocupaciones razonables como madre fueron tachadas de “agresivas”».
«Poco después, una trabajadora social vino a nuestra casa e intenté explicarle por qué había cuestionado el enfoque que se estaba adoptando con mi hija. El caso se cerró sin que se tomaran más medidas.
Me sentí aliviada, pero la derivación fue profundamente perturbadora. Me sentí como si me hubieran acusado de poner en riesgo a mi hija cuando yo estaba tratando de protegerla».
«Toda la acusación era falsa, hipócrita y parecía diseñada para intimidarme y obligarme a ceder». Una tercera familia declaró haber sido remitida a los servicios sociales y a la policía tras negarse a que su hija comprara bloqueadores de la pubertad. Acusados de maltrato emocional, los padres temían que la niña fuera puesta bajo tutela.
Este periódico también ha hablado con el padre de un hijo [que se presenta como] trans que fue acusado de homofobia y acoso por su ayuntamiento cuando intentó limitar el acceso de su hijo a internet, a pesar de que, según él, el adolescente había estado intentando conocer hombres mayores en línea.
Aunque el MoS ha hablado con varias familias afectadas, su petición de anonimato impide verificar de forma independiente sus testimonios. El Grupo Bayswater cuenta con el respaldo de críticos de la nueva legislación dentro del Partido Conservador. Los partidarios del proyecto de ley afirman que solo afectaría a casos de abuso real, pero muchos temen que la definición de «abuso» sea susceptible de una amplia interpretación.
A los críticos también les preocupa que la nueva ley permita a los ayuntamientos obtener Órdenes de Protección contra Prácticas de Conversión para proteger a quienes se consideran en riesgo, lo que potencialmente permitiría a los departamentos de servicios sociales actuar unilateralmente. Algunos han comparado estos poderes con las «Órdenes de Comportamiento Antisocial para Cambio de Sexo», en referencia a las Órdenes de Comportamiento Antisocial introducidas en 1999 para ayudar a los ayuntamientos a reprimir las infracciones de la ley cometidas por adolescentes.
La baronesa Cash, miembro del Partido Conservador, declaró al diario The Mail on Sunday que el proyecto de ley es peligroso e inviable. «Esto representa la extralimitación de la ley en la vida familiar, en las conversaciones privadas entre padres e hijos, e incluso entre menores y terapeutas», afirmó.
El histórico Informe Cass del año pasado sobre los servicios de identidad de género para menores y jóvenes dejaron claro que la mayoría de los menores que dicen ser transgénero ven que sus problemas finalmente se resuelven.
«Pero es fundamental que reciban terapia exploratoria. Este proyecto de ley, tan desacertado, pone en peligro incluso a los terapeutas. Sabemos, por el Grupo Bayswater, que los padres ya se enfrentan a graves acusaciones si no están de acuerdo con sus hijos o con sus orientadores. Ahora, les pedimos a los terapeutas que arriesguen sus carreras si un menor se opone a lo que dicen. Es completamente inviable.»
La organización Sex Matters, -que hace campaña por quienes creen que solo hay dos sexos y que el sexo no se puede cambiar- afirma que las nuevas leyes serían «un ataque a la crianza ética y con amor» y podrían impedir que los menores reciban la terapia que necesitan.
También podrían provocar el caos en las escuelas, ya que los profesores se sentirían incapaces de prohibir a los chicos el acceso a los baños de mujeres por temor a sanciones legales.
Un informe de Sex Matters publicado la semana pasada concluyó que el proyecto de ley silenciaría a los terapeutas, perjudicaría a los menores, dividiría a las familias y podría «imponer que se apartara a algunos padres de la vida de sus hijos».
«Este proyecto de ley criminalizaría las conversaciones ordinarias y terapéuticas en nombre de la prevención de las terapias de conversión», dice la autora y científica social Matilda Gosling.
| «Temíamos que nuestra hija fuera puesta bajo custodia porque nos negamos a darle bloqueadores de la pubertad».
Nuestra hija nunca ha sido una niña muy «femenina». Y durante el confinamiento, empezó a decir que quería ser un niño. Pasaba mucho tiempo jugando a videojuegos con otros adolescentes que había conocido en internet. Todos parecían usar los pronombres él/elle, y sin duda se vio influenciada por ellos. Cuando regresó a la escuela, el personal nos preguntó si podían usar un nombre masculino para ella. Aceptamos porque sabíamos muy poco al respecto. Poco después, saltaron las alarmas. La escuela le concertó una cita con el médico de cabecera sin avisarnos con antelación. Mi hija me dijo entonces que yo tenía que aceptar que la derivaran a una clínica de género. Me alarmó la rapidez con la que se estaban desarrollando los acontecimientos. En casa no usábamos el nuevo nombre, y cuando le pedí a la escuela que volviera a poner el nombre anterior en sus registros, se negaron. Esto provocó muchas discusiones en casa. Le dijimos a nuestra hija que no apoyábamos los bloqueadores de la pubertad ni ninguna otra intervención médica. Ella no quiso ni oírlo. En una ocasión, la policía vino a nuestra casa tras una discusión con nuestra hija y arrestó a mi marido. Sentí como si todas las instituciones estuvieran en nuestra contra. Después de quejarme en la escuela, nos derivaron a los servicios sociales. Me dijeron que la preocupación era por maltrato emocional. Temía que la pusieran en custodia, pero finalmente los servicios sociales cerraron el caso. Nuestra hija aún usa un nombre masculino en su vida social, pero no tiene intención de tomar decisiones médicas sobre su transición hasta que sea mucho mayor. Esperamos que esto sea una buena señal y que, en algún momento, comprenda que, aunque no se ajuste al estereotipo de mujer femenina, puede seguir siendo una mujer. |
