La Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, acogió con satisfacción hoy el reciente compromiso del Secretario de Estado de Salud y Atención Social del Reino Unido de implementar las recomendaciones contenidas en la Revisión Independiente de los servicios de identidad de género para niños y jóvenes (Cass Review), y los anuncios de la sanidad escocesa y del gobierno galés de que suspenderían la prescripción de bloqueadores de la pubertad a menores a raíz de las conclusiones del informe. 

La Relatora Especial emitió el 24 de abril la siguiente declaración:

El informe final de Cass Review destaca el reciente fuerte aumento en las derivaciones al Servicio de Desarrollo de Identidad de Género (GIDS) del Servicio Nacional de Salud (NHS) de jóvenes, particularmente niñas, que experimentan incongruencia de género/disforia. Según el informe, entre 2009 y en 2016, el número de niñas adolescentes remitidas al GIDS aumentó de 15 a 1.071.

La Cass Review, dirigida por una pediatra consultora independiente, la Dra. Hilary Cass, durante un período de cuatro años, enfatiza la importancia de considerar este fenómeno dentro del contexto de mala salud mental y angustia emocional que afecta a la población adolescente en general. 

Acojo con agrado las ideas del informe sobre el creciente número de menores y jóvenes que acuden al servicio de asistencia del NHS por sus malestares de género, y el número extraordinariamente alto de chicas adolescentes que se han visto afectadas por la ansiedad y la depresión en los últimos años. Son más propensas a tener baja autoestima e insatisfacción con su imagen corporal. Además, el informe aborda los desafíos que enfrentan menores que sienten atracción por personas del mismo sexo, que han sufrido homofobia en la sociedad en general o dentro de sus familias, o que luchan por aceptar su orientación sexual.

Cass Review recomienda adoptar un enfoque holístico para el cuidado de los niños, incluidas las niñas que buscan terapia de afirmación de género, en lugar de iniciar rápidamente vías permanentes de transición de género que generalmente comienzan con bloqueadores de la pubertad, que podrían causar una interrupción temporal o permanente de la maduración cerebral. La revisión también destacó la importancia de abordar las causas fundamentales de su angustia, considerando al mismo tiempo las altas tasas de neurodiversidad y problemas de salud mental coexistentes.

También aprecio que la revisión destaque las necesidades de quienes han interrumpido la transición de género, conocidas como “destransicionistas” –la mayoría de las cuales son niñas– y recomienda el establecimiento de un servicio especializado para apoyarlas. Durante demasiado tiempo se ha ignorado o descartado el sufrimiento de este grupo de menores y adultos. Las conclusiones y recomendaciones del informe indican que estas personas han sido escuchadas, vistas y que se han reconocido sus necesidades específicas.

La revisión también expresó críticas sobre la tendencia a equiparar las consultas sobre cualquier problema psicológico o de salud mental subyacente con la terapia de conversión, lo que impide que menores y adolescentes reciban el apoyo integral que merecen. En mi declaración emitida al final de mi visita al Reino Unido en febrero de 2024, reconocí el perfil de las niñas que buscan “intervenciones de afirmación de género” y subrayé la necesidad de que cualquier legislación sobre terapia de conversión garantice que “no se impida a estas jóvenes recibir apoyo integral…” y que “debería garantizar que la transición no se convierta en la única opción aceptable que se las ofrezca”.

Los hallazgos y recomendaciones de la revisión Cass son fundamentales y sus implicaciones van más allá del Reino Unido. Si bien es posible que la Revisión Cass no haya formulado sus conclusiones y hallazgos explícitamente en un lenguaje de derechos humanos, en mi opinión, ha mostrado muy claramente las consecuencias devastadoras que las políticas sobre tratamientos de género han tenido sobre los derechos humanos de los niñas y niños.

Estas políticas han violado principios fundamentales, como la necesidad de defender el interés superior del menor en todas las decisiones que afectan sus vidas y el derecho de la infancia a los más altos estándares posibles de salud.

La revisión también reconoce la “toxicidad del debate” en torno a los tratamientos de género, y pide debates matizados sobre “cómo comprender y responder mejor a menores y jóvenes que están en el centro del debate”. En mayo de 2023 , subrayé la necesidad de garantizar que las personas, incluidos investigadores y académicos, que expresan sus opiniones sobre tales intervenciones “no sean silenciadas, amenazadas o intimidadas simplemente por sostener y articular esas opiniones”.

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