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Tasia Aránguez es responsable de Estudios Jurídicos de la Asociación de Afectadas por la Endometriosis (Adaec) y profesora del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada.

A partir de 2011 aparecieron en el contexto político español nuevas categorías como “pueblo”, “los de abajo”, “los indignados” y “el 99%” Según defendió Iñigo Errejón, estas palabras resultaban más poderosas para la movilización social que la vieja apelación a la “clase obrera”. Por aquel entonces surgió una inquietud dentro de la izquierda marxista acerca de la vaguedad ideológica de este proyecto político incipiente, pero nadie hizo mucho caso a aquellos comentarios “corta-rollos”.

Los líderes fundadores de Podemos suscribían la teoría de Laclau y Mouffe, denominada “populismo”. Esta teoría defiende el uso de términos como “el pueblo” o “la gente” porque permiten aglutinar a multitud de colectivos que se enfrentan al mismo “antagonista”. Así, el espíritu del 15M sumó a las personas desempleadas, precarias, inmigrantes, desahuciadas, estafadas por las preferentes, pensionistas, cuidadoras y también integró (con menor adhesión) otros problemas diferentes al estricto conflicto de clases: feminismo, animalismo, ecologismo, antirracismo, lgtbi, entre otros.

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En un intento desesperado por recuperar la unidad masiva de los movimientos “tipo 99%”, a la izquierda posmoderna se le ha ocurrido comerse al potente movimiento feminista, repitiendo la operación populista que realizó con la clase obrera. El ataque es tan agresivo que parece una moderna caza de brujas. La nueva izquierda ha adoptado los nombres de “feminismo del 99%” o “feminismo interseccional” con el objeto de borrar a las mujeres.

La finalidad principal del “feminismo interseccional” es disciplinar a las feministas “antiguas” para que sumen su multitudinario movimiento (y sus votos) a la causa de la nueva izquierda. Ya en 1999 Chantal Mouffe aconsejaba a las feministas que se abriesen a “una oportunidad mucho más grande”. El prometedor proyecto implicaba no centrarse “solo en los intereses de las mujeres como mujeres, sino hablar de todas las formas de subordinación” que nos dañan dentro del orden neoliberal. Los movimientos sociales de izquierdas prometen una unión de las mujeres “más abarcadora” que el feminismo. Se nos ofrece insertarnos dentro de una enumeración con muchas comas.

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