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Bien organizado y mejor financiado, el transgenerismo (*), inspirado en la posmoderna teoría queerdebería preocupar a todas las personas, grupos y organizaciones anti-capitalistas y especialmente a la clase trabajadora. Y ello por varios motivos.

En primer lugar, si ya la conocida en España como Ley Mordaza reprime nuestro derecho de manifestación y expresión, extorsionándonos con multas exorbitantes -cuando no la cárcel-; lo que está en perspectiva es sumar denuncias por supuestos “delitos de odio” (todo lo que el transgenerismo considere “transbofia”) de los que no podremos defendernos porque la justicia ya es sólo accesible para quien pueda pagarla. Además, esas denuncias pueden conducirnos a perder nuestros empleos, si los tenemos, o a restarnos oportunidades si somos demandantes.

En segundo lugar, el transgenerismo, expresado en leyes como la que está pendiente de aprobación en España, podría despojarnos de la tutela de nuestros hijos si nos negamos a su supuesta voluntad de someterse a tratamientos hormonales para el cambio se sexo, porque ello se considerará maltrato. Aunque más grave aún es el hecho de que niños y adolescentes están siendo utilizados como conejillos de indias en dichos tratamientos a pesar de las graves secuelas físicas y psicológicas que dejan para toda la vida.

En tercer lugar, el transgenerismo está promovido por poderosos grupos de presión, a su vez relacionados con: 1-la explotación de la capacidad reproductiva de las mujeres (madres de alquiler); 2- la conversión legal de la prostitución como un “trabajo” más; 3- la clausura de servicios y normas que protegen a las mujeres en situación vulnerable (por violación, maltrato, mutilación genital…), y 4- la eliminación de las palabras que definen nuestro sexo y capacidad de gestación y crianza (p. ej.: “madre” se sustituye por “progenitor gestante”), algo que incluso algunos transexuales han denunciado.

[…]

1- Multimillonarios que ejercen de filántropos de fundaciones y entidades “sin ánimo de lucro”; 2- grandes empresas farmacéuticas que comercializan fármacos que no han sido suficientemente testados; 3- profesionales médicos que se prestan a ganar mucho dinero “vendiendo” el transgenerismo al público; 4- una tropa de “transactivistas” profesionales y bots que se mueven por las redes y en las secciones de comentarios repitiendo el mismo mensaje, para crear la sensación de que su opinión es mayoritaria; y 5- los medios corporativos que diseminan la ideología transgenerista constantemente. Hace poco vimos en la televisión catalana (Planta baixa TV3) la última de una serie de noticias sobre “hombres embarazados”.

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