El Brontë Parsonage Museum se ha sacado un unicornio de la chistera y, tras explorar, dicen, la identidad de género de las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, ha decidido que en sus novelas hay personajes queers e incluso drags y que escribir bajo seudónimos masculinos las insufló una autoridad y una asertividad impensables si hubieran firmado sus novelas como mujeres. La misoginia trans quiere borrar la historia de las mujeres.

Orgullo en la Rectoría, proclama en su cuenta de Instagram, el Brontë Parsonage Museum, bronteparsonagemuseum. Orgullo (ese Orgullo) en una rectoría inglesa del siglo XIX, perdida en medio de los páramos, donde crecieron Charlotte, Emily, Anne y sus hermanas. 

Es bien sabido que las Brontë firmaron con los seudónimos masculinos Currer, Ellis y Acton Bell. Como sus contemporáneas  Amantine Dupin (George Sand) Mary Ann Evans (George Eliot) o Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero) usaron esos seudónimos para poder publicar. Pero en la versión revisionista del Museo, las Brönte estaban explorando «cómo podría ser la vida más allá de las barreras de género».

Es una manipulación ahistórica y militante calificar de drags y queers a las protagonistas creadas por las hermanas Brönte

Si algunos dijeron entonces «Solo un hombre podría haber conocido tan íntimamente cada pliegue vil y oscuro de la naturaleza corrupta del bruto civilizado… Solo un hombre podría hacer una exhibición tan atrevida como la que este libro nos presenta…», hoy, el Brontë Parsonage Museum recoge esa idea con entusiasmo y pretende que lo trans queer impregne la obra de las escritoras: «El género también se explora en muchas de las novelas de las Brontë, como «Villette». Los estudiosos discuten el carácter queer de Lucy Snowe, evidente en la escena en la que Paul Emmanuel anima a Lucy a actuar en una obra disfrazada de hombre». 

Y la explicación que nos da el Museo es una manipulación indigna que prescinde de cualquier contexto histórico para inventar una falsa genealogía trans queer:

“Es significativo que Lucy actúe como drag a medias, en lugar de completamente drag, como los actores travestidos de las obras de Shakespeare. Sin convertirse en hombre ni renunciar a su feminidad, simplemente agrega masculinidad sobre su feminidad para performar el género queer. Lucy comienza a interpretar el papel medio drag y, para su sorpresa, encuentra deleite y alegría en esta actuación queer».

Un esfuerzo más y convierten a la protagonista en «no binaria».

Por supuesto, en las obras de Shakespeare los actores no actuaban travestidos: las mujeres tenían prohibido subir a un escenario y eran hombres disfrazados los que representaban los papeles femeninos.

Es una adulteración ahistórica y militante reescribir la historia para convertir en queer/trans a cualquier mujer del pasado que ocultara su sexo para vivir en libertad o para ejercer profesiones vetadas a las mujeres. Lo hemos visto con Catalina de Erauso, mujer, escritora, aventurera, probablemente lesbiana, monja y alférez…customizada en trans en una reciente operación de falseamiento apadrinada por el Museo Reina Sofía.

Alianza Contra el Borrado de las Mujeres

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