Nos hemos dirigido al defensor del lector de La Vanguardia en referencia a un articulo publicado por una ONG de fact-checking, Verificat, que parecería orientado a desautorizar un riguroso estudio finlandés sobre 2.083 pacientes menores de 23 años, según el cual la salud mental de los jóvenes empeora después de someterse a las intervenciones hormonales y quirúrgicas de «afirmación de género». Desautorizar el estudio y descalificar a sus autores. Entre otros, la jefa de los servicios especializados de Psiquiatría Adolescente en el Hospital Universitario de Tampere.
Estimado defensor,
Nos dirigimos a usted en relación con el artículo publicado en La Vanguardia bajo el título “Cuidado con la desinformación tránsfoba que vincula cirugías y suicidio en personas trans”, firmado por la ONG de fact-checking Verificat y difundido el 11 de abril de 2026, en el que se aborda la interpretación de un estudio finlandés sobre resultados en la salud mental tras intervenciones médicas en 2.083 pacientes con disforia de género menores de 23 años.
Para ilustrar la noticia de esa supuesta “desinformación tránsfoba”, se seleccionó un solo tweet de un particular, con datos falsos sobre las conclusiones del estudio finlandés. Un tweet entre otros muchos, por ejemplo de organizaciones feministas, que sí han recogido fielmente lo que afirma la rigurosa investigación de psiquiatras y académicos de las universidades de Helsinki y Tampere: los problemas de salud mental aumentaron notablemente durante el seguimiento entre los adolescentes y adultos jóvenes que contactaron con unidades de género entre 1996 y 2019.
El titular, sin embargo, sitúa el abordaje de esos resultados en otro marco: el de la “transfobia”, descalificativo recurrente para invalidar cualquier opinión que cuestione los supuestos beneficios de la medicina trans.
Ese parece el verdadero objetivo del fact checking publicado por La Vanguardia: desautorizar el estudio finlandés y a sus autores.
El debate no es abstracto: se refiere a intervenciones médicas -hormonales o quirúrgicas- en adolescentes y jóvenes que presentan malestares de género, a la interpretación de ese malestar y su relación con otras comorbilidades.
El artículo incurre en una limitación relevante desde el punto de vista periodístico: selecciona opiniones de un único ámbito y no incorpora la perspectiva de organizaciones o especialistas que han planteado posiciones críticas o de cautela respecto a este tipo de intervenciones médicas en menores.
Así, se recurre, entre otras fuentes, a la profesora Pepita Giménez Bonafé, de la Universidad de Barcelona, fisióloga, no psiquiatra, cuyas declaraciones se utilizan para cuestionar las conclusiones del estudio.
Sin embargo, es precisamente en esas declaraciones donde emerge una contradicción de fondo. La profesora reconoce que la morbilidad psiquiátrica en personas trans es elevada antes y después de cualquier intervención médica:
«El riesgo psiquiátrico grave puede existir previamente a la intervención y la situación es completamente multicausal, con factores que dañan la salud y que no cambian a pesar del tratamiento médico, como el trauma pasado, el estrés de minoría, la exclusión social u otros trastornos severos no tratados». Pero para la profesora Giménez, todo se debe a la transfobia, a una sociedad que “sigue castigando la identidad alcanzada”: «El grave deterioro de la salud mental y física de las personas trans no se deriva de su identidad ni del proceso médico de reasignación en sí, sino de la transfobia estructural». La multicausalidad ha desaparecido del diagnóstico.
Si se admite la existencia de múltiples factores previos -de salud mental, sociales o personales-, la pregunta es obvia: ¿por qué la respuesta sanitaria es una intervención médica sin haber despejado previamente esas variables y sin analizar de forma diferenciada el origen de los denominados “malestares de género”?
El fact-checking publicado por La Vanguardia cita algunos estudios pero ignora que países como Finlandia, Suecia, Dinamarca, Noruega o Reino Unido, entre otros, han restringido radicalmente, o incluso prohibido, el acceso de menores a tratamientos hormonales y quirúrgicos, entre otras razones por la debilidad de las evidencias sobre sus beneficios y por los graves déficits metodológicos, de seguimiento… de la mayoría de esos estudios.
Por otro lado, resulta llamativo que el artículo trate de invalidar el estudio finlandés sobre la base de que sus autores han participado en conferencias o espacios vinculados a organizaciones que defienden la prudencia en la intervención médica, especialmente en menores.
Ese criterio, aplicado de forma coherente, permitiría descalificar también las declaraciones que el propio artículo incorpora, dado que las fuentes citadas participan habitualmente en entornos y foros alineados con posiciones transgeneristas en este debate. La propia profesora Giménez ha creado la asignatura “Formación en Diversidad de Género: las personas trans”.
Desautorizar a la investigadora senior del estudio, Riittakerttu Kaltiala, profesora de Psiquiatría Adolescente en la Universidad de Tampere y jefe de los servicios especializados de Psiquiatría Adolescente en el Hospital Universitario de la misma ciudad, porque, tras muchos años de investigación, «se ha mostrado contraria a permitir el acceso a tratamientos médicos de reasignación de género en menores» obligaría a desautorizar también, por coherencia, las declaraciones de quienes se han mostrado partidarios de permitir que los menores accedan a tratamientos médicos cuyas consecuencias de por vida no pueden comprender en toda su magnitud.
Es impropio de un fact-checking que se pretenda riguroso descalificar como “transfóbicas” y “anti trans” las publicaciones científicas en las que colaboran los autores del estudio finlandés.
La consecuencia de todo lo anterior es un análisis incompleto, en el que no se confrontan marcos interpretativos distintos ni se examinan de forma equilibrada las implicaciones del estudio que se pretende cuestionar, dando como resultado una información sesgada.
Como lectoras de la Vanguardia, nos preocupa la cobertura a este estudio ya que nos priva de información relevante para entender el alcance de sus conclusiones. Presentar una lectura única sin permitir que se expongan opiniones y lecturas alternativas niega a sus lectores la oportunidad de formarse una opinión fundamentada sobre un asunto de interés.
Atentamente
Alianza Contra el Borrado de las Mujeres
13 de abril de 2026
