Un nuevo libro sobre la clínica de género infantil Tavistock del NHS revela cómo el personal «se arrepiente» de haber prescrito rutinariamente bloqueadores de la pubertad a menores de 16 años. Más de 1.000 niños fueron remitidos a una clínica experimental para que se les administraran bloqueadores de la pubertad, ignorándose las preocupaciones del personal para preservar un contrato “de oro» con el Servicio Nacional de Salud británico (NHS).

Antiguos médicos del Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género (GIDS, por sus siglas en inglés), que forma parte del Tavistock and Portman NHS Trust de Londres, han detallado cómo algunos niños «increíblemente complejos» recibieron medicación tras una evaluación cara a cara, a pesar de que muchos de ellos tenían diversos problemas de salud mental o antecedentes familiares.

Más de un tercio de los menores remitidos al servicio presentaban rasgos autistas de moderados a graves, frente a menos del 2% de los niños de la población general. Algunos se identificaban no sólo con un género diferente, sino con un origen étnico distinto, como el japonés o el coreano. Un joven tenía «tres alter egos diferentes, dos de los cuales hablaban con acento australiano».

En el libro, los antiguos médicos del GIDS hablan por primera vez en detalle de su «pesar» por la práctica de derivar sistemáticamente a menores de 16 años a tratamientos de bloqueo de la pubertad y hormonas de sexo cruzado, sin datos concretos sobre los efectos a largo plazo. Lo comparan con el escándalo del hospital Mid Staffs de la década del 2000 y el dopaje de los atletas de Alemania Oriental en los años sesenta y setenta.

Las revelaciones aparecen en Time to Think: The Inside Story of the Collapse of the Tavistock’s Gender Service for Children (Tiempo para pensar: La historia del colapso de Tavistock desde dentro), de Hannah Barnes, que saldrá a la venta este mes.

Barnes, periodista de Newsnight de la BBC, habló con docenas de médicos que trabajaron en el GIDS, directivos del centro y menores y padres que utilizaron el servicio.

El informe detalla cómo:

– Niños de tan sólo tres años, que ya vivían como si fueran del sexo opuesto con su nombre, apariencia y pronombres cambiados, fueron remitidos al servicio.

– La clínica representó casi el 30% de los ingresos del Tavistock NHS Trust en 2021 y el personal señaló que se parecía a una «start-up tecnológica» con viajes regulares a conferencias internacionales.

– En 2016, Susie Green, ex directora de la ong transactivista Mermaids, envió un correo electrónico a la doctora Polly Carmichael, quien entonces era la directora del Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género, pidiendo que se redujera el tiempo que los niños tenían que pasar con bloqueadores de la pubertad antes de que se pudieran empezar con las hormonas irreversibles de sexo cruzado.

– El personal expresó su preocupación cuando, en nombre de las familias, Green pidió que se cambiara a los médicos pediátricos por personas que creía más proclives a recetar hormonas.

– En su primera entrevista desde que ganó un juicio en un tribunal de trabajo tras plantear su preocupación por la seguridad de los niños, Sonia Appleby, jefa de salvaguarda de la institución, dijo que se «demonizaba» a cualquiera que denunciara los hechos.

– Los antiguos terapeutas implicados en la prescripción de bloqueadores de la pubertad admiten ahora que no saben «cuántos niños se han arrepentido de la transición médica.

Fundado en 1989, el Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género, hasta entonces la única clínica especializada en identidad de género para niños y jóvenes del Reino Unido, tuvo que cerrar el año pasado después de que una revisión independiente dirigida por la Dra. Hilary Cass concluyera que los jóvenes corrían un «riesgo considerable» de sufrir problemas de salud mental y angustia. Un informe de la Care Quality Commission había calificado el servicio de «inadecuado» y criticado su mantenimiento de registros.

Los datos muestran que a 354 niños menores de 16 años se les suministraron bloqueadores de la pubertad en el University College London Hospital Trust y Leeds Children’s Hospital entre 2012 y 2021 después de ser vistos por terapeutas y psicólogos en la clínica. Entre 2009 y 2017, 1.261 niños y adolescentes fueron derivados a intervenciones médicas. Según el GIDS, a la «gran mayoría» se les recetaron bloqueadores.

Tras tratar inicialmente a unos pocos pacientes al año, las derivaciones a GIDS aumentaron drásticamente. En 2009-2010 recibió 97 pacientes. En 2019-2020 recibió 2.748 menores, un aumento de más del 2.700%. El niño más joven que se sabe que fue derivado a endocrinólogos en el University College London Hospital Trust tenía siete años. Posteriormente recibió tratamiento privado.

El número de pacientes superó con creces lo previsto y muchos miembros del personal se sintieron desbordados.

Los terapeutas que trabajaban en la clínica han dicho que el personal intentaba hacer lo mejor para los jóvenes, pero que las evaluaciones empezaron a ser precipitadas. Varios jóvenes han afirmado que el personal de GIDS les escuchó y valoraron positivamente el trato recibido.

Pero la Dra. Anna Hutchinson, psicóloga clínica sénior de GIDS, afirmó que el servicio no tardó en «aceptar a todo el mundo». Dijo que se suponía que los bloqueadores de la pubertad se prescribían a los niños para darles «tiempo a pensar» si querían la transición completa, pero se dio cuenta de que casi todos pasaron a tomar hormonas de sexo cruzado, como testosterona y estrógeno, que tienen consecuencias irreversibles.

Hutchinson, psicóloga clínica sénior de GIDS, le dijo a Barnes, periodista de Newsnight de la BBC, que este fue un momento de «¡Joder, qué es esto!” «Me chirrió totalmente esa idea de que cuando ofrecíamos los bloqueadores de la pubertad, estábamos ofreciendo tiempo para pensar», declaró.

«Porque, ¿qué probabilidades hay de que el 100% de las personas a las que se les ofrece tiempo para pensar piensen lo mismo? Si el servicio lo estaba haciendo mal, lo estaba haciendo mal con algunos de los niños y jóvenes más vulnerables».

Ahora cree que «algunos de esos niños no se habrían identificado como trans si no se les hubiera puesto en el itinerario médico».

«Por supuesto, eso no significa que identificarse como trans sea un mal resultado», dijo. «Pero lo que es un mal resultado es crear un grupo de personas médicamente dependientes que nunca habrían necesitado serlo. Y no sólo médicamente dependientes, sino quizá -todavía no lo sabemos- médicamente dañadas».

Describe el servicio como «escandaloso en su negligencia y escala».

En 2011, el Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género inició un estudio de «intervención precoz» en el que participaron 44 pacientes de entre 12 y 15 años para ver los efectos a más largo plazo de los bloqueadores de la pubertad. Pero en abril de 2014 se introdujo en todo el servicio la práctica de recetar bloqueadores a menores de 16 años antes de disponer de datos sobre sus efectos. Se eliminó un límite de edad inferior de 12 años, ya que GIDS se basó en un enfoque de «etapa, no de edad» basado en el punto en el que se encontraba el niño en su desarrollo.

Existe preocupación sobre si los bloqueadores de la pubertad alteran «temporal o permanentemente» el desarrollo del cerebro de los niños, además de retrasar el crecimiento y afectar a la fortaleza de los huesos. Se sabe poco sobre los efectos secundarios a largo plazo.

Anastassis Spiliadis, terapeuta familiar, explicó a Newsnight de la BBC la influencia de grupos externos y de los padres en la decisión de recomendar bloqueadores de la pubertad a menores a menudo vulnerables.

Dijo que en sus cuatro años en el servicio, en dos ocasiones decidió que niños de entornos familiares complejos no debían recibir bloqueadores. Sin embargo, las familias se quejaron y «ambos acabaron recibiendo bloqueadores».

Los padres que se quejaron fueron remitidos a «determinados especialistas a través de los cuales todos sabíamos que era mucho más fácil conseguir hormonas, en lugar de otros especialistas», dijo.

También se temía que los padres empujaran a sus hijos a la transición, en casos de enfermedad fabricada o inducida (FII), antes conocida como síndrome de Munchausen por poderes.

En un caso, el niño le dijo «mi madre quiere esto para mí» o «mi madre quiere los bloqueadores más que yo». Dijo que había abuso sexual y violencia doméstica en la familia y que él y un colega acordaron que no recomendarían el uso de bloqueadores para el joven. Sin embargo, esta decisión fue supuestamente anulada por Carmichael.

En otras ocasiones, Green, la presidenta de Mermaids, solicitaba un cambio de médico, según Spiliadis.

«Recuerdo que pensé y hablé con Paul [Jenkins, el jefe de Tavistock] y le dije que esto era realmente inapropiado: ¿cómo es que una persona que es el directora, o consejera delegada de una ong, tiene derecho a solicitar un cambio de especialista en nombre de una familia?».

Sobre su etapa en GIDS, Spiliadis añadió: “Entonces nos decíamos ‘Dios mío, ¿miraremos atrás dentro de diez o veinte años y nos preguntaremos qué hemos hecho?’».

Matt Bristow, antiguo médico de GIDS, añadió: «A pesar de la evidente complejidad de todos estos casos -abuso sexual, trauma, posible FII-, la respuesta era siempre la misma. Que los jóvenes acababan recibiendo los bloqueadores a menos que ellos mismos dijeran que no los querían».

Los denunciantes también alegan que la clínica, que trataba a menores de 18 años con disforia de género, era «institucionalmente homófoba» y cedía a las presiones de los padres que preferían que sus hijos fueran trans en lugar de homosexuales. Cuando los médicos homosexuales expresaron su preocupación por el hecho de que se estuviera convirtiendo en una «terapia de conversión para niños homosexuales», fueron ignorados por considerarlos subjetivos, según se afirma.

El libro de Barnes hace referencia a los beneficios económicos que el servicio GIDS aportó a la fundación Tavistock en un momento en que los servicios del NHS estaban sometidos a una inmensa presión financiera.

El Dr. David Bell, psiquiatra y exjefe de personal de Tavistock Trust que escribió un informe crítico sobre el servicio en 2019 después de ser abordado por varios empleados preocupados, dijo que el contrato nacional de GIDS con el NHS -donde no tenía que competir con otro servicio- era «oro puro».

Bell argumentó que la conciencia de la importancia económica de GIDS había dificultado que quienes tenían críticas legítimas las plantearan», escribe Barnes.

Spiliadis añadió que, después de no tener ni siquiera una oficina cuando llegó, GIDS «acabó ocupando toda una planta». «Pero como ingresaba tanto dinero, ellos [los altos cargos del fideicomiso] no podían cuestionarlo», añadió.

Según Hutchinson, la cultura de GIDS, con sueldos elevados y viajes a conferencias sobre transexualidad en Europa y en lugares tan lejanos como Buenos Aires, «se parecía más a una start-up tecnológica que al NHS».

Además de las críticas, una revisión realizada en 2019 por el director médico, Dinesh Sinha, tras el informe de Bell también incluyó testimonios positivos de miembros del personal, que dijeron que no veían ningún problema con las prácticas de salvaguarda de GIDS.

Pero Sinha no planteó las preocupaciones que se le transmitieron durante el curso de su revisión con Appleby, la jefa de salvaguardia. Cuando por fin vio las transcripciones, dijo que no sólo era una «tragedia para los pacientes implicados», sino también una «tragedia para la organización: que tantas de estas historias hubieran sido amordazadas, y que las personas que habían planteado estas preocupaciones fueran demonizadas».

Bristow dijo que el informe de Sinha era un «encubrimiento».

El Tavistock and Portman NHS Trust ha desmentido las críticas´: «GIDS trabaja caso por caso con cada joven y su familia, de forma reflexiva y holística para explorar su situación, sin esperar cuál puede ser el resultado correcto para ellos. Sólo una minoría de los jóvenes atendidos en el servicio son remitidos a intervenciones físicas. En el Tavistock and Portman apoyamos incondicionalmente a nuestro personal para que plantee sus preocupaciones, y recientemente hemos reforzado nuestros mecanismos para hacerlo. Las preocupaciones relacionadas con el bienestar de los jóvenes se toman en serio y se investigan».

Tavistock dijo que sólo tenía registro de un solo paciente que fuera remitido a intervención médica después de una evaluación y esta persona había pasado por una evaluación detallada en otro servicio de género.

Mermaids declinó hacer comentarios.

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