Este ensayo de Jerry Coyne, “Biology is Not Bigotry”, La biología no es intolerancia, se publicó originalmente en el sitio web de la Fundación por la Libertad de Religión FFRF y después fue despublicado abruptamente «para no causar angustia a los lectores». El ensayo de Coyne se erige como una defensa crítica de la biología contra la pseudociencia y como un recordatorio de los peligros que plantea la restricción ideológica en la ciencia y el discurso público.
Coyne, profesor emérito de Ecología y Evolución en la Universidad de Chicago, respondió críticamente a un artículo de Kat Grant, una becaria de la FFRF, que sostenía que “mujer es quien dice serlo”. A pesar de haber recibido la aprobación para su publicación, la crítica científicamente fundamentada de Coyne no fue publicada debido a que la FFRF la consideró incompatible con sus valores y por sus preocupaciones de que pudiera causar “angustia” a los lectores. Tras esta decisión, tanto el psicólogo de Harvard Steven Pinker como el biólogo evolutivo Richard Dawkins abandonaron la Junta Honoraria de la FFRF como protesta.
[…] El ensayo de Coyne se erige como una defensa crítica de la biología contra la pseudociencia y como un recordatorio de los peligros que plantea la restricción ideológica en la ciencia y el discurso público.
Colin Wright, director ejecutivo y redactor jefe de Reality’s Last Stand que ha publicado el artículo censurado por la Fundación por la Libertad de Religión.
En el artículo de Freethought Now “ ¿Qué es una mujer? ”, la autora Kat Grant se esfuerza mucho por definir la palabra, rechazando una definición tras otra por defectuosa o incompleta. Grant finalmente se decide por una definición basada en la identidad: “Una mujer es quien dice serlo”. Esto, por supuesto, es una tautología, y deja abierta la pregunta de qué es realmente una mujer . La notable redefinición de un término con una larga historia biológica solo puede verse como un intento de imponer una ideología a la naturaleza. Debido a que algunas personas (u hombres que se identifican como mujeres ) sienten que su identidad no es adecuadamente reconocida por la biología, deciden imponer una ideología a la biología y confeccionar una nueva definición de “mujer”.
La afirmación de que la autoidentificación se corresponde directamente con la realidad empírica plantea numerosos problemas. No eres gordo si te sientes gordo (el problema de la anorexia), no eres un caballo si te sientes un caballo (una clase de personas llamadas “ terianos ” se identifican psicológicamente como animales), y no te vuelves asiático simplemente porque te sientas asiático (la cuestión del “transracialismo”). Pero el sexo, nos dice Grant, es diferente: es la única característica biológica de los humanos que puede modificarse únicamente mediante la psicología.
Pero, ¿por qué el sexo debería ser modificable mientras que otros rasgos físicos no? Los sentimientos no crean la realidad. En biología, el «sexo» se define tradicionalmente por el tamaño y la movilidad de las células reproductoras («gametos»). Los machos producen gametos pequeños y móviles (espermatozoides); las hembras tienen gametos grandes e inmóviles (óvulos). En todos los animales y plantas vasculares hay exactamente dos sexos y no más. Aunque un buen número de plantas y unas pocas especies de animales combinan ambas funciones en un solo individuo («hermafroditas»), éstos no constituyen un tercer sexo porque producen los dos gametos típicos.
Es importante reconocer que, aunque esta idea gamética se denomina «definición» de sexo, en realidad es una generalización -y, por tanto, un concepto- basada en un gran número de observaciones de diversos organismos. Sabemos que, salvo unas pocas algas y hongos, todos los organismos multicelulares y vertebrados, incluidos nosotros, se adhieren a esta generalización. Por tanto, es casi universal.
Además de su universalidad, el concepto de gametos tiene su utilidad, ya que es la distinción entre tipos de gametos lo que explica fenómenos evolutivos como la selección sexual. La diferencia de inversión en la reproducción explica las numerosas diferencias, tanto físicas como de comportamiento, entre machos y hembras. Ningún otro concepto del sexo tiene tanta universalidad y utilidad. Los intentos de definir el sexo combinando diversos rasgos asociados al tipo de gametos, como los cromosomas, los genitales, las hormonas, el vello corporal, etc., conducen a modelos multivariantes confusos y desordenados que carecen tanto de la universalidad como del poder explicativo del concepto de gametos.
Sí, hay una pequeña fracción de excepciones, incluidos los individuos [mal llamados] intersexuales, que desafían la clasificación (las estimaciones oscilan entre 1/5.600 y 1/20.000). Estas excepciones a la visión gamética son sin duda interesantes, pero no socavan la generalidad del binario sexual. En ningún otro lugar de la biología unas excepciones tan raras socavarían un concepto fundamental.
Por ejemplo, 1 de cada 300 personas nace con alguna forma de polidactilia, es decir, sin el número normal de diez dedos. Sin embargo, nadie habla de un «espectro del número de dedos».
En biología, pues, una mujer puede definirse sencillamente en cuatro palabras: «Una hembra humana adulta».
Descartar los conceptos de sexo basados en rasgos conduce a graves errores e ideas erróneas. Menciono sólo algunos. El concepto biológico de mujer no depende, como sostiene Grant, de si puede o no producir óvulos. Nadie afirma que las mujeres posmenopáusicas, estériles o histerectomizadas no sean «mujeres», pues nacieron con el aparato reproductor que evolucionó para producir óvulos. En cuanto a los cromosomas, tener dos cromosomas X da una probabilidad muy alta de ser mujer, pero un reordenamiento de la información genética puede desacoplar la constitución cromosómica del aparato gamético.
Pero el mayor error que comete Grant es la repetida confusión de sexo, una característica biológica, con género, el papel sexista que uno ha de asumir en la sociedad. A todos los efectos, el sexo es binario, pero el género es más parecido a un espectro, aunque sigue teniendo dos modalidades en torno a lo «masculino» y «femenino».
Aunque la mayoría de la gente adopta roles de género asociados a su sexo biológico un número apreciable de personas mezcla ambos roles o incluso rechaza por completo los roles masculino y femenino. Grant dice «juego con la expresión de género» con «formas que varían a lo largo del día». Bien, pero esto no significa que Grant cambie de sexo de una hora a otra.
Según el concepto biológico de sexo, es imposible que los seres humanos cambien de sexo -que sean realmente «transexuales»-, ya que los mamíferos no pueden cambiar sus medios de producción de gametos. Un término más apropiado es «transgénero» o, para las denominadas «mujeres trans», «hombres que se autoidentifican como mujeres».
Pero incluso aquí Grant engaña al lector. Sostiene, por ejemplo, que «los transexuales no tienen más probabilidades de ser depredadores sexuales que otros individuos».
Sin embargo, los hechos apoyan lo contrario de esta afirmación, al menos en el caso de los trans varones. Una comparación cruzada de estadísticas del Ministerio de Justicia y del Censo del Reino Unido muestra que, mientras que casi el 20 por ciento de los presos varones y un máximo del 3 por ciento de las presas han cometido delitos sexuales, al menos el 41 por ciento de los presos que se identifican como trans fueron condenados por estos delitos. Los trans varones, por tanto, parecen tener el doble de probabilidades que otros hombres y al menos 14 veces más que las mujeres de ser delincuentes sexuales. Aunque estos datos son imperfectos porque se basan sólo en los que son detenidos, o en algunos que se declaran mujeres sólo después de la condena, sugieren que los hombres trans son mucho más depredadores sexuales que las mujeres y algo más depredadores que los hombres [que no se autoidentifican como mujeres] . Existen indicios de tendencias similares en Escocia, Nueva Zelanda y Australia.
El sexo biológico afecta a quiénes y qué somos. Analicemos el polémico tema de la participación en los deportes […] Según un informe de las Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer , “para el 30 de marzo de 2024, más de 600 atletas femeninas en más de 400 competiciones habrán perdido más de 890 medallas [a manos de varones transfemeninos] en 29 deportes diferentes”.
Termino con dos puntos. El primero es insistir en que no es “transfóbico” aceptar la realidad biológica del sexo binario y rechazar conceptos basados en la ideología. Nunca deberíamos tener que elegir entre la realidad científica y los derechos de las personas transgénero. Las personas transgénero deben disfrutar de los mismos derechos morales y legales de todos los demás. Pero los derechos morales y legales no se extienden a áreas en las que la “sello indeleble” del sexo da como resultado comprometer los derechos legales y morales de los demás. Los varones transfemeninos, por ejemplo, no deberían competir en los deportes contra mujeres; no deberían servir como consejeros [de mujeres supervivientes] de violación ni como trabajadores en refugios para mujeres maltratadas; o no deberían ser enviados a una prisión de mujeres.
Por último, hablando como miembro del consejo honorario de la FFRF, me preocupa que la incursión de la organización en el activismo de género la lleve muy lejos de su doble misión histórica: educar al público sobre el ateísmo y mantener la religión fuera de las políticas gubernamentales y sociales. Los argumentos tendenciosos sobre la definición de sexo no son parte de ninguna de las dos misiones. Aunque algunos aspectos del activismo de género han asumido los peores aspectos de la religión (dogma, herejía, excomunión, etc.), el sexo y el género tienen poco que ver con el teísmo o la Primera Enmienda. Sinceramente espero que la FFRF no insista en adoptar una postura política “progresista”, racionalizándola como parte de su batalla contra el “nacionalismo cristiano”. Como ateo liberal, ¡estoy tan lejos del nacionalismo cristiano como se puede estar!
Las cuestiones de sexo y género no pueden ni deben ser forzadas a meterse en ese lecho de Procusto. La expansión de la misión ha comenzado a erosionar a otras organizaciones otrora respetadas como la ACLU y la SPLC, y me angustiaría que esto le sucediera a la FFRF.
