Los testimonios de las mujeres jóvenes que detransicionan hablan de invisibilización, de estigma, de abandono por la comunidad médica, de la conciencia dolorosa de haber cometido un error que muchas veces es irreparable. El Día de la Concienciación Sobre las Detransiciones, que se conmemora el 12 de marzo, quiere poner el foco en todo ello.

El Día de la Concienciación Sobre las Detransiciones surgió en 2021 a iniciativa de organizaciones y personas detransicionadoras para dar visibilidad a quienes detransicionan -en su mayoría, mujeres jóvenes-, acabar con el estigma y visibilizar los problemas específicos a los que se enfrentan en ese proceso.

Se denomina detransicionadora a una persona que se arrepiente y abandona la transición social y médica emprendida para modificar su cuerpo y alinearlo con el sexo al que dice pertenecer y que, como consecuencia de ese arrepentimiento, interrumpe la transición y realiza el proceso inverso. El caso de las personas desistidoras es el mismo salvo que no han sido sometidas a intervenciones médico-quirúrgicas y sólo han pasado por la transición social, es decir, el cambio de nombre, de aspecto…

No todas las personas que se arrepienten de su transición toman medidas para la detransición: Muchas cirugías son irreversibles, y cambiar o interrumpir las terapias hormonales conlleva nuevos riesgos.

El perfil mayoritario de las personas detransicionadoras es el de una mujer joven que durante la adolescencia experimentó un fuerte rechazo hacia su cuerpo sexuado; sin señales previas de disforia en la infancia; que inició su transición médica con bloqueadores de la pubertad o directamente con hormonas cruzadas (testosterona);  que frecuentemente se sometió a doble mastectomía y, más infrecuentemente, a cirugía genital. En función del tiempo transcurrido desde el inicio del tratamiento con testosterona, esa joven puede haber necesitado una extirpación de útero (histerectomía) para evitar riesgos como el cáncer.

En un alto porcentaje de casos, estas adolescentes presentan comorbilidades como trastornos del espectro autista, y se ha señalado que factores como la homofobia interiorizada (rechazo a su orientación homosexual) o los abusos sexuales inciden en el deseo de transicionar.

La influencia de las redes sociales en las adolescentes que se autodiagnostican como trans o transgénero ha sido remarcada en numerosas investigaciones, como las de Lisa Littman. El contagio social parece ser relevante en esa tipología que se ha denominado Disforia de Género de Inicio Rápido.

Este dato es coherente con el hecho de que las cifras de chicas adolescentes que solicitan tratamientos médicos se hayan disparado como demuestran los estudios realizados en el Reino Unido y aquí, en España, en Cataluña y Navarra.

El deseo de detransicionar responde al incumplimiento de las expectativas que les prometieron a estas jóvenes. No se han solventado los problemas subyacentes, que achacaban a haber “nacido en el cuerpo equivocado”, descubren que su aspecto físico nunca será el esperado (“no pasan” por personas del otro sexo), comprenden que dieron su consentimiento a tratamientos y cirugías irreversibles sin tener conciencia plena de lo que implicaba porque eran demasiado jóvenes. Ahora entienden que han quedado estériles, que nunca podrán amamantar, que nunca tendrán un orgasmo, que sus relaciones sexo-afectivas no serán fáciles y, además, empiezan a tener problemas de salud vinculados a administración de testosterona (alopecia, menopausia prematura, osteoporosis), etc..

Sin datos para las detransiciones

Una voluntad política empeñada en la imposición de  directrices que se enfocan solo hacia protocolos médicos y educativos que reafirman las supuestas identidades trans de menores sin ninguna exploración de las causas de sus malestares de género; el oscurantismo de las clínicas de género privadas y los servicios nacionales de salud en cuanto a los datos de abandono y detransiciones;  la desconfianza de las personas detransicionadoras a ser tratadas por los mismos servicios médicos que participaron en su transición; el desinterés y la falta de unidades médicas especializadas en la atención a estas personas, han hecho que hasta el momento no se disponga de estudios exhaustivos para valorar y cuantificar este fenómeno.

Sin embargo, los pocos estudios que existen lo califican como un fenómeno creciente y preocupante en personas jóvenes que iniciaron una transición temprana. El último estudio realizado en Alemania, que analiza datos longitudinales de cinco años, indica que las tasas de abandono del “trastorno de identidad de género” están por encima del 50% y oscilan entre el 72,7% en mujeres de 15 a 19 años y el 50,3% en hombres de 20 a 24 años.

Vulnerabilidad, estigma y rechazo

La vulnerabilidad de las personas detransicionadoras presenta dos vertientes, una médica y otra social.

Desde el punto de vista médico, han de enfrentarse a todas las secuelas que sufrirán, en caso de haber iniciado una transición en la niñez, por el uso de bloqueadores de la pubertad y el posterior tratamiento con hormonas de sexo cruzado, terapias médico-farmacológicas cada vez más cuestionadas para abordar la disforia de género.

De enorme impacto son los efectos irreversibles de cirugías que modifican el cuerpo y/o su aspecto físico (mastectomías, histerectomías, orquiectomías) y que les privarán para siempre de la posibilidad de tener hijos o de la función sexual, y que implican además un gran peligro de complicaciones y efectos secundarios indeseados. Si bien a la transición se asocia obligatoriamente una medicalización de por vida, tanto para mantener esos caracteres secundarios propios del otro sexo como para paliar los efectos negativos de los tratamientos hormonales a largo plazo, a la detransición se le añade la falta de estudios y protocolos sanitarios para tratar su condición específica.

En España no existe ningún protocolo sanitario determinado en ninguna de las comunidades autónomas donde existen leyes trans, aunque sí se menciona en el de la Comunidad de Madrid, para la atención médica y acompañamiento psicológico de las personas que quieren detransicionar.

En el resto del mundo la situación es similar. Sólo en el Reino Unido y a raíz del Informe Cass sobre la atención sanitaria en las Clínicas de Género encargado por el gobierno británico, se ha abierto el primer servicio para pacientes detransicionadores. Por otro lado, en países donde el sistema de salud es básicamente privado, los seguros médicos no cubren en muchas ocasiones los tratamientos necesarios para patologías derivadas de los procesos de transición o para detransiciones en sí (por ejemplo, implantes mamarios a mujeres que se sometieron a una mastectomía).

A nivel social, la aceptación de uno mismo tal y como es, volver a presentarse como las personas que fueron, la vergüenza por el “error cometido”, hacen que el proceso de detransición sea muy duro y difícil y es necesario un entorno social y familiar comprensivo.

Paradójicamente, las personas detransicionadoras se enfrentan además al rechazo y la exclusión por parte de los colectivos LGTBI que las animaron, acogieron y aplaudieron en su transición y que señalan su arrepentimiento como indicador de que no eran verdaderas trans.

Lo cierto es que las detransiciones desmienten uno de los mitos fundacionales del transactivismo: el que afirma que la identidad trans es innata, inamovible y real.

Del mismo modo, en el ámbito laboral donde se han impuesto planes de inclusión (DEI) y ayudas económicas, acompañamiento psicológico, etc. para favorecer la transición, no se recogen las mismas medidas en el caso de la personas detransicionadoras, que quedan abandonadas por las mismas empresas que en el pasado les animaron a iniciar el camino de las hormonas y las cirugías.

Una invisibilización de motivaciones políticas

La invisibilización de las personas detransicionadoras en los ámbitos legislativo, sanitario y de los medios de comunicación sólo puede explicarse desde un punto de vista político e ideológico. La existencia de personas detransicionadoras destroza los relatos de una identidad de género innata, de la idoneidad de las terapias de afirmación de género y de la reversibilidad de las consecuencias de tratamientos hormonales y quirúrgicos, relatos promovidos por organizaciones transgeneristas y lobbies farmacéuticos que han calado en organizaciones internacionales y partidos políticos.

Afortunadamente, empiezan a salir a la luz cada vez más casos a consecuencia de las denuncias que estas personas están presentando en diferentes países contra médicos, cirujanos y sistemas de salud nacionales que propiciaron transiciones que nunca debieron producirse.

Los testimonios de las mujeres que detransicionan hablan de rechazo, de estigma, de abandono por la comunidad médica, de la conciencia dolorosa de haber cometido un error que muchas veces es irreparable.

El Día de la Concienciación Sobre las Detransiciones quiere poner el foco en todo ello.

Testimonio de Joey, detrans:

 

Alianza Contra el Borrado de las Mujeres

12 de marzo de 2025.

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